La gira del Papa León XIV por África ha situado al continente en el centro de una conversación que une fe, responsabilidad y bien común
El recorrido —Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, donde concluyó el 23 de abril— deja una imagen que permanece: pueblos que esperan, que escuchan, que responden ante la llamada de Dios.
Para quienes vivimos África desde dentro, esa emoción no es circunstancial; forma parte esencial de nuestro modo de ser.
África es un continente donde la fe no se explica, se vive y se contagia. Está en la familia, en la vida compartida, en la forma de afrontar el día a día, de acompañar y de no abandonar al otro cuando la vida se torna difícil.
Por eso, cuando el Papa León XIV habla de justicia, de servicio, de paz, de riqueza compartida y de responsabilidad, sus palabras no se perciben como un discurso distante o alejado de la realidad. Se reconocen como una exigencia concreta: gobernar desde el servicio, preservar lo que es de todos y no dejar a nadie fuera. No es que no sepamos lo que hay que hacer. Es que demasiadas veces elegimos no hacerlo.
Como ecuatoguineana, sus palabras me interpelan porque conozco la fuerza que nace cuando nos cuidamos de verdad, y también las consecuencias cuando ese cuidado se debilita: la confianza se resquebraja, el tejido social pierde cohesión y cada uno empieza a vivir de espaldas al otro.
Porque sin fe, sin esperanza y sin caridad vivida en lo concreto, lo que nos une se rompe, y con ello, la forma de avanzar unidos.
Por Guillermina Mekuy
Fuente: La Razon España